NOTA: la opinión mediática es la representada por medios de comunicación masivos; la opinión pública es aquella que se manifiesta “en la calle” y que representa a una mayoría social.
Pues bien, la calle es ahora Internet y las plazas públicas, los parques y las terrazas de los bares son Facebook, Twitter, Google + y el resto de plataformas que todos y todas conocemos.
La opinión mediática está pagada por intereses generalmente corporativos y políticos. Lobbies de poder que aportan beneficios a estos medios masivos para que estos -medios- influyan sobre la opinión pública (que no mediática). Unas veces en forma de propaganda; otras en forma de publicity; y otras tantas mediante artículos tendenciosos.
La cuestión es que la brecha que separa la opinión mediática de la pública es creciente, y esto obviamente molesta a los que intentan condicionar esta opinión pública desde las cúpulas de poder.
Eufemismos periodísticos
No obstante, como ciudadanos aparentemente libres que somos, podemos escoger las fuentes de información, contrastarlas y determinar una posición más o menos crítica al respecto de un acontecimiento. Otra cosa es que siempre lo hagamos, pero la opción la tenemos.
Y si tenemos dicha opción es básicamente porque existen medios sociales -gratuitos-, que si bien ganan dinero insertando publicidad, no condicionan el contenido que en ellos se publica o comparte.
Es decir, al no existir una línea editorial particular que establece pautas y límites, las opiniones que se manifiestan en estos medios sociales son libres, espontáneas y reflejan de mejor manera lo que se vive “en la calle”. Como ejemplo, lo sucedido en el 15M, en donde se percibían dos realidades paralelas: la de muchos medios de masas como detractores y críticos del movimiento; y la realidad que se vivía en Internet a través de las principales redes sociales.






